viernes, 7 de diciembre de 2012

Entre la verdad y la ficción

Por Jorge Luis Falcón Fernández Arévalo

¿QUÉ ES LA HONESTIDAD?


“Se dice que los ladrones respetan la propiedad. Sólo desean que la ajena se convierta en propia para respetarla mejor”      - Gilbert Keith Chesterton-

Si  en Guerrero están perfectamente identificados los ex presidentes municipales ladrones y los políticos cleptómanos. Los gandallas, están en la mira de la sociedad guerrerense; tan solo eso, en la mira. Pero lejanos de la aplicación de la justicia ¿Qué se espera de ellos, en otros puestos de elección popular? Lo mismo
¡Perro que come huevo, aunque le quemes el hocico! Así decían las abuelas cuando se referían a alguien que actuaba de cierta manera y que difícilmente cambiaría su naturaleza.
Esos ejemplos de impunidad, son los que asume la otra sociedad para convertirse en ladrona, en cuatrera, en gandalla, en valemadre. La casta cínica.
¡Madre, no me pidas ser decente, si en la TV y radio, están y aparecen cotidianamente los deshonestos!  -Oído al azar- 
En tanto haya impunidad. No se podrá hablar de democracia. Ni de verdades, ni de proyectos de desarrollo. Los ladrones están allí agazapados.

“Robar es encontrarse las cosas antes que al dueño se le pierdan”, lo dijo acertada y decentemente            Alonso Fernández de Avellaneda, en “El Quijote de Avellaneda”.
Cuando el negocio es grande, el crecimiento y los beneficios esconden una multitud de pecados. Los tres niveles de gobierno -como los astros- deben estar perfectamente alineados para lograr el botín; perdón, el objetivo. Sin uno, la máquina del latrocinio no camina; sin el otro “beneficiado”, pues, lo demás es solo un leve y sensible trámite. 
Esta especie bípeda cree que el dinero lo hace todo, y terminan haciendo todo por dinero; pero, que no es suyo. Eso se llama robo, malversación.
Esas personas que son realmente muy extrañas y proclives al hurto, al timo a la rapacería han asumido posiciones claves y provocan  terribles impactos en la historia de los pueblos, estados o países. ¡Que cursilería manifestar que somos un país rico en petróleo!, si somos lumpen en sociedad necesitada, saturada –eso sí- de hampones y esquizofrénicos.
No sabe el imbécil que de su ignorancia política nace la prostituida política de “bondades”, del mal diseño de prodigar asistencia social, de la manera más burda y ruín: la limosna. ¿Dónde queda la honestidad? No hay flojo que no se venda por unas sucias monedas.
“El impúdico, finge lo que es, pues que se  sea lo que se finge”, es su praxis protocolaria. Y de facto la asumen. Genética marca destreza.
Carlo Alberto Pisano Dossi, el escritor italiano manifestó: ¿Qué pasa si la honestidad no tiene miedo a la prisión? ¡Nada! Porque los encargados de impartir, de conceder la justicia, son engranaje de esa misma podredumbre.

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